Crecieron las lluvias.

creciente

Torrentes de agua helada inundaron la pradera y los bosques tropicales y ahí estaba Él con los ojos tapados.

Se quedó sin ver nada y el Apocalipsis llegaba devorando a todos los órganos vitales y organismos tenebrosos que componían la nación.

El clarín sonó por última vez, y la crítica hacia los postulantes próximos crecía a desmanes.

El humanismo murió esa tarde en que mataron también a ese policía morocho que custodiaba los barrios de bajo consumo.

La lluvia no cesaba y tampoco cesaba el hambre, los más infortunados empezaron a comer sus calzados, pero Juanito el descalzo comió sus pies primero y luego sus manos, quedó solo su torso erecto como un miembro de la infantería de granaderos a zapallo.

Muy galopante Juanito se arrastró con la lengua para terminar de comerse a sí mismo en un lugar digno.

Seguía cayendo agua de los cielos, las mujeres y los niños se dejaban caer en el barro que se acumulaba en los suelos, se dejaban cubrir de tierra y agua y como el vapor, desaparecían para nunca más ser encontrados.

Después… El sol.

La historia se tapó y vivimos ciegos. Felices y contentos.

Por Benjamín Correa - Ilustración Ezequiel Garrido