Ni una más, ni una menos.

Ni una más, ni una menos.

La violencia de género es aquel desprecio a la integridad física o psicológica ejercida sobre cualquier persona en razón de su sexo. Afirmar que como mujeres somos víctimas constantes de esos ataques diseminados en una amplia gama, desde los más sutiles y subliminales hasta los más vejatorios y aberrantes, la palabra desalentador queda muy corta.

Históricamente la desigualdad fue corolario de la dominación de la mujer e impedimentos notorios para el alcance de una vida plena.

La violencia contra la mujer, tiene sus causas en la discriminación y desigualdad. Combatirlas significa con el tiempo desterrarlas.

Esta desigualdad y actitudes violentas generacionales no responden a una intención dolosa de hacer daño solo por el simple hecho de hacerlo, es un comportamiento aprendido subordinado a expectativas y roles que debe tener una persona en la sociedad.

Por tal motivo la idea de que la mujer es el sexo débil, y debe ser sumisa a su marido, remontándonos a las épocas patriarcales, genera el convencimiento hoy día de que deben ser “controladas”, “obedientes” y “sumisas”. La violencia es uno de los principales medios para mantenerla sujeta a esa subordinación.

Lamentablemente no vivimos en la utopía de igualdades y ese ideal nunca se va a plasmar, mientras desde el punto de vista laboral las diferencias salariales son notorias, los ascensos merecidos o “merecidos”, no se va a plasmar mientras la mujer sea un objeto que se pavonea en un certamen de baile, en un show que mezcla la ovación con la burla, mientras la que usa el detergente en una publicidad sea una mujer y solo una mujer cuyo único objetivo en la vida pareciera ser tener la casa mas perfumada y las camisas más blancas. No va a cambiar esa situación hasta que a las niñas desde pequeñas NO se las adoctrine que su rol de adultas será cuidar la casa, parir los hijos y estar siempre radiantes, por que deben esperar al príncipe azul que les va a “solucionar la vida” y citando esto como meras menciones… por que la ejemplificación es extensa.

Esta realidad demanda, no solamente de los Estados, sino también de toda la población un compromiso sociocultural para erradicar ese tipo de violencia, es inconcebible pensar que 277 mujeres y niñas murieron asesinadas en un año. Entre ellas el nombre que revoluciona Chiara Páez. Nombre que enarbola este acto de valor, de presencia y lucha.

Tengamos presente que los casos de violencia que trascienden son los menos y que una mujer puede llevar años sufriéndolo en silencio…. tal vez, solo tal vez; esta manifestación brinde a las víctimas de violencia el coraje para salir y hacer valer sus derechos, dejar el miedo, la vergüenza y sepan que no están solas…

Tal vez este emblema de lucha haga escuchar nuevamente las voces de todas las mujeres golpeadas, asesinadas y cuantas más voces calladas a la fuerza, amordazadas por la opresión, exterminadas por la ignorancia.

Por todas ellas levantémonos, no como ultra feminismo, o anti machismo… levantemos el estandarte de la humanidad en pos de la vida, la libertad, la igualdad y los derechos…

NIUNAMENOS.

Por Gabriela Szyszko.