Por los pocos espacios de monte que quedan.

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Estudia Genética en la Facultad de Exactas de la UNaM. Su tesis, basada en el “Sexado molecular de felinos de la Selva Paranaense a través de métodos indirectos”, la hizo viajar.

Entrevista a Rosio Schneider.

Según nos cuenta; éste estudio consiste en la identificación del sexo de los animales.

Entre charla y mate poco a poco los nervios y la ansiedad por ser su primera entrevista se fueron desvaneciendo y nos adentramos en todo lo que significó ese viaje.

-“He participado recientemente en una investigación que se realiza en los Estados Unidos sobre especies autóctonas de la Selva Paranaense. Estudios que se centran principalmente en la construcción de “corredores ecológicos” para la mayor protección de las especies. Los corredores son enlaces entre dos reservas, terrenos protegidos que unen a las mismas. Estuve dos meses trabajando en esa investigación, estudiando a cinco especies distintas a través de su materia fecal. ¡Sí! La identificación se realiza a través de su propia materia fecal, con perros especializados en rastrearla. En el primer año de la carrera, mi jefa nos contó sobre una investigadora que venía de Estados Unidos a recolectar muestras de materia fecal de animales para estudiarlos, cuando lo supe hasta me causó gracia, finalmente terminé participando de un muestreo el año pasado en la zona de San Pedro”.

-“El Yaguareté, Puma, Gato Onza, Tirica, son felinos salvajes; estas son las especies que forman parte de nuestra investigación. Todos animales en peligro de extinción; por la fragmentación de su hábitat, por la reducción de la selva, por el avance demográfico de la población humana; por los pocos espacios de monte que quedan. Rutas, caminos, fábricas, madereras y todo aquello que hace el hombre para apropiarse lentamente del hábitat natural de estos animales”.

Es cierto que la genética ha logrado importantes aportes en los últimos tiempos, y no solamente en lo que a enfermedades en seres humanos se refiere, la genética es increíblemente amplia. Al igual que los aportes que puede brindar al conocimiento de especies; mejoramiento de algunos cultivos, reproducción, etc. y en el caso de estos animales, también es significativa para su protección. De ahí que ésta investigación, centra su atención en construir corredores ecológicos.

A diferencia de los estudios que se realizan en nuestro país, en Iguazú por ejemplo, donde se trabajó con el uso de “cámaras trampa”, ¿Cómo lo llevaron a cabo?

-“En este trabajo se investiga a los bichos fuera de las áreas protegidas, para determinar cuáles son sus patrones de movimiento, y unir así a las reservas, nacionales, provinciales, para brindarles espacios protegidos mucho más amplios donde puedan movilizarse. Y todo ello a través de la identificación indirecta del animal. Lo ventajoso aquí es que no es necesaria la presencia de los animales para estudiarlos. No hay que estarlos viendo directamente. Extraerles sangre o esas cosas. A través de las muestras se logra determinar si son hembras o machos. Lo que a cualquier persona que conozca poco del tema, le resulta asombroso. De la materia fecal se extrae el ADN, y de su análisis se identifica la especie y sexo del animal, además de la identificación del individuo, con todas sus características particulares”

-“En la Universidad de Washington, en Saint Louis, donde estuve trabajando, tenés todo lo que necesitás, en cuanto a infraestructura y equipamientos es súper completa. Acá no contamos con todo el equipo necesario y se nota la diferencia en cuanto al avance tecnológico. Pero también hay que tener en cuenta que el costo para estudiar en una Universidad es muy elevado. Incluso en las universidades públicas. Acá en Argentina tenemos asumido que la educación pública es gratuita. Acceder a una universidad pública en Estados Unidos es muy costoso, más aún en las privadas. Allá, los avances tecnológicos permiten mayores posibilidades para desarrollar estas investigaciones, pero eso no quita ningún valor al trabajo intelectual de nuestros científicos”.

Las diferencias culturales existentes, como el idioma, la organización sistemática estricta en todas las actividades. El cambio brusco en el ritmo de vida al que tuviste que adaptarte, habláme un poco de eso.

-“Eso extrañé mucho, mi grupo de trabajo. Allá cada quien cuida lo suyo. Todo el tiempo compiten por superar uno al otro. Es muy diferente. No se ve el compañerismo que se ve acá. No existe el vamos a estudiar juntos, te presto mis apuntes. Nada de eso. La gente es amable, cordial, pero muy cerrada”.

¿Con el tema de la visa cómo fue?

-“La tuve que tramitar varias veces porque no me la querían dar, no fui como estudiante de intercambio, no podía pedirla con esa justificación. Fue un trámite bastante tedioso, pero finalmente y después de tantas corridas la conseguí. La entrada al país también fue un poco estresante, te preguntan todo, quieren asegurarse que no vas a ocasionarles ni un problema, que no vas a ser un gasto para el Estado y que no te queres quedar a trabajar de forma ilegal, me preguntaron un montón de cosas hasta que entendieron que iba simplemente a realizar esa investigación”.

Algo que quieras destacar, del viaje y de tu experiencia.

-“Tenemos muy buenas mentes acá, pese al retraso tecnológico, los estudios que se realizan en Argentina son muy significativos. Realmente importantes”. El CONICET junto a otros institutos son grandes financiadores de investigaciones, lo que permite ir avanzando muchísimo en el campo de las ciencias, no hay nada que envidiar, y esto es muy subjetivo, es lo que pienso y defiendo.

Rosio, realiza sin dudas un importante aporte en la investigación para la construcción de los “corredores ecológicos”, que significarán mayor protección a las áreas de selva y monte que se encuentran fuera de las zonas de reserva, ampliando los terrenos seguros para la movilización de estas especies en peligro. Asegurando la continuidad de la biodiversidad de la selva Paranaense, de la cual Misiones conserva aún hoy, la mayor parte, pese a los pocos espacios de monte que quedan.

Por Tamara Acosta.